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Publicado: Lun Mar 31, 2008 4:43 am Título del mensaje: Renacimiento arquitectónico |
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Renacimiento arquitectónico
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Merimo Nah es un ejemplo del rescate de casas antiguas
La renovación de un edificio histórico no se hace a partir de imitar lo antiguo, sino de recrearlo. Sólo así es posible darle un nuevo uso y un nuevo significado sin perder su esencia.
Con esa filosofía de trabajo, que traduce en distintas soluciones arquitectónicas, y con el apoyo de un equipo de profesionales, Salvador Reyes Ríos ha devuelto la belleza de por lo menos una docena de antiguas casas del Centro Histórico de Mérida.
Un claro ejemplo es la Casa Merimo Nah, ubicada en la calle 56 entre 47 y 49, cuya rescatada belleza arquitectónica de la época porfiriana ilustra la portada del libro “Hacienda Style”, de los escritores estadounidenses Karen Witynski y Joe P. Carr.
Y es precisamente en esta casona meridana, rescatada por el despacho de arquitectos Reyes-Ríos + Larraín, donde se realizará la presentación oficial del libro, en un coctel que sus autores ofrecerán hoy domingo, de 5 a 7 p.m.
Casa Merimo Nah es en la actualidad el lugar de residencia temporal de los esposos Monique Jerome y Claude Forget, originarios de Quebec, Canadá, quienes ofrecieron un recorrido en compañía del arquitecto Reyes Ríos.
El inmueble, de la época porfirista, fue rescatado y remozado hace poco más de cuatro años. Requirió seis meses de trabajo.
Se conservó la arquitectura francesa de los interiores con pisos de mosaico de pasta y las puertas de madera fina de cedro que se instalaron en los primeros años de esplendor.
“Aunque muestra varias épocas constructivas, pensamos que por el tipo de techos con vigatillas de madera belgas y otros detalles debió ser construida entre 1900 y 1910 cuando mucho; es una casa de 100 años”, dice el arquitecto.
“La fachada tiene un estilo porfirista con esa influencia francesa que hubo en Yucatán, cuando el cultivo del henequén se consolidó en la entidad a principios de siglo XX”, apunta.
“Más que deterioro, la casa presentaba alteraciones de los espacios y sus materiales de acabado originales”, agrega el profesional, egresado en 1988 de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma Metropolitana.
“Antes de nuestra intervención el inmueble funcionó como fábrica del jarabe de horchata Rivero, y gracias a ello los techos recibieron algún mantenimiento y no estaban en muy mal estado.
“Sin embargo, había perdido parte de sus pisos originales de mosaico de pasta y en algunas partes se desmantelaron las puertas de madera. Por ejemplo, las puertas del acceso principal fueron retiradas, debido a que ampliaron el portón para poder meter los camiones; pero conservaron las puertas, estaban arrumbadas por ahí y las recuperamos.
“Obviamente hubo un trabajo especial de restauración de las puertas, como retirar todas las capas de pintura hasta llegar al color natural. Como son de madera de cedro antigua, tal vez tienen 100 años. Se requirió aplicarles unos silicones especiales que, además de permitir que la madera 'respire', las protege a la vez.
“Para renivelar y darle protección contra humedad a los pisos, tuvimos que levantar los mosaicos antiguos y en el proceso inevitablemente tuvimos mermas.
“La solución fue enmarcarlos en cenefas perimetrales de cemento (material de uso común en las casas y haciendas porfiristas de Mérida) y crear el sentido de un tapete. De esta forma el piso original sigue en su sitio, pero adquiere un nuevo sentido, una nueva estética en la composición del espacio”.
El arquitecto Reyes Ríos explica que todo el concepto de la distribución surge a partir de la idea de modificar la proporción del patio central de la casa para crear nuevos patios y jardines privados de escala más suave e íntima. Para ello se construyó la recámara principal a todo lo ancho del patio original. Con ello la casa en forma de “L” cambió su tipología a forma de “C”, que permite aprovechar al máximo las orientaciones y tener ventilación cruzada en la habitación principal.
La primera crujía que mira a la calle se dejó para el vestíbulo de acceso (que puede servir también de cochera) a la sala, el estudio y el baño de visitas. La arcada original se reutilizó como terraza con vista plena al patio donde se ubica la alberca y los estanques con plantas acuáticas, que viene a ser una solución muy conveniente para el clima de Yucatán. La cocina y las dos recámaras secundarias se ubican en los espacios antiguos de la casa; al fondo están el cuarto y áreas de servicio. En el techo de la nueva construcción, justo encima de la recámara principal, se ubicó una terraza-jardín para disfrutar del fresco de las noches meridanas y poder tener a la par un agradable cambio de escala con visuales más amplias del contexto urbano. Para acceder a esta terraza se reutilizó el antiguo aljibe —tanque recolector de agua de los techos— para alojar una amplia escalera de caracol.
“Esta área no existía y la agregamos para complementar las necesidades de sus actuales propietarios”, explica el arquitecto.
Como parte fundamental del concepto de la intervención, en la Casa Merimo Nah la dimensión y escala real de los espacios se transforman a partir de elementos que modifican de forma virtual su percepción. “En algunos casos, como el comedor, la cocina y los baños, esto se logra introduciendo estratégicamente la luz natural en los techos; en otros casos, como los pequeños patios y jardines privados de las recámaras, incorporando texturas sólidas en muros de rajuela de piedra que, por el contrario, absorben la luz natural. “Por su parte, la posición y tamaño de la alberca responde a la idea de tener el agua como elemento protagónico presente en todos los espacios exteriores.
“El agua en la casa se usa no sólo como elemento que refresca y transmite sonido, sino sobre todo como una textura que refleja y encuadra los muros de la casa modificando su escala y aligerando la masa de su arquitectura.
Los colores de la Casa Merimo Nah están inspirados en los tradicionales de la hacienda yucateca de las épocas colonial y henequenera, como el ocre-naranja, el amarillo y el azul.
La ejecución de la obra estuvo a cargo de la Constructora Uribe Capetillo. Intervinieron también maestros de oficio de Dzityá y Maxcanú, especialmente en los trabajos de piedra y carpintería.
“Mi trabajo fue realizar el proyecto de restauración y adaptación de la casa a su nuevo uso, supervisar su correcta ejecución en obra y hacer la función de representante de los dueños ante la constructora y los contratistas. También fuimos responsables del diseño y supervisión de la fabricación de muebles originales y, junto con los propietarios, realizamos casi la totalidad del diseño interior”, apuntó el arquitecto.
Sobre la inversión, dijo no estar autorizado para proporcionarla. “Sin embargo, puedo decir que actualmente el costo promedio por metro cuadrado para lograr una obra de la calidad de acabados y equipamientos de la Casa Merimo Nah es de aproximadamente 850 dólares.
“Es un proyecto extraordinario por varias razones: primera, el interés de los propietarios por no sólo conservar sino acrecentar el valor arquitectónico a través de una restauración y adaptación cuidadosa y generosa.
“Segunda, porque los propietarios tomaron el tiempo necesario para visitar y evaluar todas las casas disponibles antes de seleccionar la ideal para ellos, aplicando el mismo criterio para la selección de profesionales locales altamente calificados que se encargaron de la renovación.
“Por último, porque invirtieron su dinero y depositaron su confianza en nuestro centro histórico como el ámbito urbano que le da carácter e identidad único a Mérida”.— Rosa Acosta Aragón |
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