El Guggenheim ilustra una nueva visión de la cultura asociada al ocio, el turismo y la regeneración urbanÃstica
¿Pesa más el edificio o las obras de arte, la ‘flor de titanio’ o el variopinto muestrario artÃstico que ha acogido el museo? El Guggenheim ha estado marcado por el debate sobre el papel del continente y el contenido desde su mismo nacimiento, un tema que de tan habitual se ha convertido en charla de sobremesa.
No ha sido el único asunto que trajo como novedad, pues hace diez años muy pocos estaban convencidos de que un museo pudiera servir de motor de la regeneración urbana y de la activación económica a través del turismo. EconomÃa, urbanismo, turistas… Palabras no siempre asociadas al arte, que sin embargo salen automáticamente al mencionar el Guggenheim. A algunos les gusta la asociación; a otros, no tanto.
Kim Bradley, corresponsal en España de la influyente revista ‘Art in America’, alaba la visión de quienes pusieron el museo en marcha, ya que se dieron cuenta de que en toda la región del norte de España y del sur de Francia habÃa muchos habitantes dispuestos a pasar un fin de semana fuera de casa, y ninguna infraestructura de la potencia del Guggenheim. «A la gente le encanta el PaÃs Vasco, y el museo es lo que provoca el viaje de un par de dÃas. Si yo quiero ir a Huesca, no tengo avión. En Bilbao estoy en una hora y luego puedo ir a Vitoria, a San Sebastián y comer maravillosamente», resume la crÃtica de arte, residente en Barcelona.
Primero fue la ampliación de la Neue Staatsgalerie de Stuttgart realizada por Richard Stirling, un ejemplo en el que se fijará el MACBA barcelonés de Richard Meier, recuerda MarÃa Bolaños, profesora en la Universidad de Valladolid y una de las más acreditadas expertas españolas en museologÃa. Ambos museos trataron de reurbanizar un área degradada «a través de un emblema cultural prototÃpico, como es el museo», apunta la experta. «Con el paso de los años esa estrategia se ha revelado trascendental y ha sido extraordinariamente beneficiosa para la ciudad, en planos muy distintos, no sólo el artÃstico y el urbanÃstico, sino también el polÃtico».














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